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VMC en un piso reformado: dos años después

Con el uso empecé a valorar más el aire de casa que las cuentas de energía.

En mayo de 2022 escribí un balance después de algo más de dos años viviendo en nuestra casa reformada. Habíamos cambiado ventanas, aislado las cámaras de fachada y los techos, e instalado ventilación mecánica controlada, VMC, con recuperador de calor. Quería explicar qué había supuesto todo eso al vivir allí.

El piso tiene unos 90 m² útiles y está en una planta intermedia de un edificio de 1975, cerca del mar y en clima atlántico. Vivíamos dos personas. La calefacción y el agua caliente funcionaban con una caldera de condensación y radiadores; la cocina era eléctrica.

Ventilar dentro de una reforma

Elegimos una VMC de doble flujo. Una red introduce aire del exterior y otra extrae el de la vivienda. En el recuperador ambos flujos intercambian calor sin mezclarse. La máquina quedó sobre el techo del aseo y los conductos recorrieron la casa por el espacio de los falsos techos.

Conductos de ventilación sobre el pasillo, con las paredes y el techo todavía en obras.

La red de ventilación antes de quedar oculta sobre el falso techo.

En aquel balance situaba el coste de la instalación en unos 33–35 €/m², con la máquina en torno a los 1.000 €. Son cifras de nuestra obra de 2019. Según mis cuentas de entonces, el conjunto de mejoras de aislamiento, ventanas y ventilación había supuesto alrededor del 10 % del presupuesto de reforma.

La VMC formaba parte de esa intervención conjunta. Al mirar después la temperatura o el consumo de gas, no podía separar cuánto correspondía a cada decisión.

Dejar acceso para mantenerla

Antes de entrar a vivir tuvimos que corregir la posición de la máquina. La habían colocado con el acceso a los filtros orientado hacia el techo. Cambiarlos habría exigido desmontar el equipo.

Consultamos al fabricante y reclamamos la recolocación. En octubre de 2019 volvieron, cambiaron la posición y probaron la máquina. El techo del aseo quedó con un tramo registrable para acceder al equipo y a los filtros. Cuando nos mudamos en marzo de 2020, esa corrección ya estaba hecha.

Recuperador de ventilación y conductos instalados bajo el forjado del aseo.

La instalación inicial, antes de corregir la posición para acceder a los filtros.

Poder encenderla era solo una parte del montaje. También necesitábamos poder mantenerla después de cerrar el techo.

El aire de casa en el día a día

Lo que más empecé a valorar fue cómo se sentía el ambiente. Estaba menos cargado, no teníamos malos olores y mantener a raya la humedad tenía mucho peso viviendo tan cerca del mar.

Dejamos de abrir las ventanas como rutina para ventilar. Seguíamos abriéndolas para limpiar y, en noches de mucho calor, para generar corriente. Cambió una costumbre, sin que las ventanas dejaran de tener uso.

La temperatura también se mantenía bastante estable. Durante el primer año había anotado mínimas habituales alrededor de 19 °C, y durante el segundo, alrededor de 20 °C. Ese invierno habíamos subido un grado el ajuste del termostato. Eran apuntes manuales, con condiciones distintas entre años.

Ese confort cotidiano pesaba más en mi valoración que calcular cuánto tardaría en recuperar la inversión.

El ruido cambió las horas de funcionamiento

La ventilación funcionaba unas catorce horas al día. Por la noche la apagábamos porque se oía el aire salir por los difusores. Durante el día el sonido pasaba desapercibido, pero con la casa en silencio interfería con el descanso.

Sospechaba que el diseño de la instalación influía en ese ruido. No tenía una medición o un diagnóstico que permitiera identificar la causa. Lo que sí podía describir era su consecuencia: no usábamos el sistema de forma continua.

La instalación que había elegido sobre el papel acabó funcionando con ese horario, adaptada a cómo vivíamos y dormíamos.

El calor del verano seguía ahí

La vivienda tardaba en calentarse, pero después de varios días de calor podía llegar a 26–27 °C y le costaba bajar. En el balance de 2022 contaba que, tras una racha de calor en mayo, la temperatura interior apenas había bajado un grado cuando fuera volvió el tiempo fresco.

Usaba el bypass para que, cuando el exterior estaba más fresco, el aire entrase sin pasar por el recuperador. En nuestro caso no bastaba para refrigerar la casa. Además, el apagado nocturno por ruido limitaba las horas en que podíamos aprovechar ese aire más fresco.

Ventilar y recuperar calor no había resuelto todas las necesidades de temperatura de la vivienda.

Leer las cuentas con su contexto

Durante los dos primeros años anoté un consumo de unos 400 m³ de gas. Para situarlo lo comparé con las medias del estudio SPAHOUSEC II del IDAE.

Aquella comparación me daba una referencia, pero no tenía un periodo anterior equivalente de nuestra propia casa. El consumo reunía el efecto de las ventanas, los aislamientos, la ventilación y nuestros hábitos. No permitía calcular por separado el ahorro de la VMC ni su amortización.

En las respuestas del hilo apareció otra parte de la cuenta que había dejado fuera: la electricidad de la ventilación. Consulté un dato del manual del equipo e hice una estimación con nuestras horas de uso. No había medido el consumo de la máquina por separado. Reducir gas y gastar electricidad eran dos partes del mismo balance.

Aislante reflectivo, conductos y perfiles sobre el pasillo durante la reforma.

Ventanas, aislamiento y ventilación cambiaron en la misma obra. Las cuentas posteriores describían el conjunto.

Los encuentros que habría cuidado más

Las cajas de persiana, los marcos de las ventanas y los elementos estructurales seguían siendo puntos débiles. En algunos encuentros había observado diferencias de temperatura de alrededor de cinco grados respecto a otras superficies, usando un termómetro de superficie. Era una comprobación doméstica.

Después de vivir allí habría prestado más atención a esos encuentros y no habría elegido las mismas persianas. En junio de 2023 aclaré que había sellado el premarco de la puerta de entrada para reducir las filtraciones de aire.

Mi prioridad seguía siendo controlar la humedad. La valoración era favorable por el confort y por el aire de casa, con límites concretos: el ruido nocturno, el calor en verano y los encuentros que no habíamos resuelto bien. Todo eso formaba parte del resultado, aunque no apareciera en la factura del gas.

Balance de mayo de 2022, con aclaraciones hasta junio de 2023, a partir del hilo que publiqué en Forocoches. Instalación durante la reforma de 2019. Las condiciones de uso corresponden a aquel periodo.

Fotografías: Antonio Madrazo.

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